Julia Nació en Oaxaca el 30 de junio de 1881. A los 15 años de edad experimenta el llamado de Dios a la vida religiosa. Busca orientación y guía que le ayude a clarificar su vocación. En este momento de su vida el Señor pone en su camino al P. Alberto Cuzco Mir S.J que descubre en ella un corazón fogoso, ardiente, sediento de pureza y amor para consolar al Divino Corazón, alma sencilla, con deseos de agradar a Dios. El padre le externa: veo en ti la persona idónea para la congregación que estoy fundando de La Cruz del Sagrado Corazón. Ve ante el Santísimo y pregúntale qué quiere de ti. Le bastaron a Julia 10 minutos para decidir, afirmando: “Voy a la Cruz”.
Tenía 17 años cuando ingresó en la naciente Congregación de la Cruz del Sagrado Corazón (1898). Desempeñó algunos cargos como: maestra de novicias y superiora de la naciente congregación.
Con sus deseos de búsqueda y cumplimiento de la voluntad de Dios en junio de 1903, decide separarse de la congregación de la Cruz del Sagrado Corazón obteniendo la dispensa de sus votos junto a la M. Julia, Virginia Rincón Gallardo, y 11 hermanas más.
Prosiguió su aventura rumbo al centro del país, llegando a Aguascalientes un 12 de septiembre de 1903. Recibidas bondadosamente por Fray José María de Jesús Portugal OFM, primer obispo de Aguascalientes, quien con gran gozo en su corazón expresó: “Mi güerita me las trajo, refiriéndose a la Virgen María”.
En respuesta a las necesidades del mundo y de la iglesia, con el fin de ir haciendo vida el carisma de Amor y Consuelo el 4 de enero de 1904 a petición del Sr. Obispo fundaron el primer colegio de la Congregación: “Colegio de la Inmaculada”. Hoy Instituto de la Paz. Así comenzó a arder la chispa hasta convertirse en hoguera con las obras por ella fundadas, desde el centro, norte y sur del País.
A la madre Julia Navarrete Guerrero le caracterizaron su fe, humildad, caridad exquisita, una entrega sin reservas. Fue una persona que llevó amor, donde había dolor. Su trabajo fue fecundo dedicando su vida a hacer el bien y agradar a Dios: “Lo quiere Dios, lo quiero yo” es una frase que sintetiza su vida.
Murió en olor de santidad en Toluca, Edo de México el 21 de noviembre 1974 siendo trasladada a la ciudad de Aguascalientes, donde reposan sus restos en un mausoleo que es visitado por personas para pedir su intercesión, esperando de Dios Dios algún favor.
Rasgos característicos de su vida
Solidez de su vocación: desde la adolescencia se orienta a Dios y hacia la consagración total. No se encuentran entretenimientos en el camino que impidan su entrega.
Contemplativa en la acción y activa en la contemplación.
Su vida interior perfectamente integrada con la acción apostólica.
Su experiencia mística con la abnegación evangélica. Su humildad con la fortaleza. Su rectitud con la amabilidad.
Sus iniciativas son siempre absolutamente fieles a la Iglesia.
Sus dotes humanas se conjugan con su sensibilidad.
Mujer perfectamente equilibrada y serena, este equilibrio se manifiesta también en su espiritualidad, caracterizada por una serena concreción.
Mujer segura de sí misma, prudente, comprensiva y amable, capaz de escuchar a todos, con grandes dotes de comunicación.
Incomprensiones, calumnias, problemas, todo lo ha sufrido en silencio, con admirable paciencia, sin odio o rencor, todo lo ha vivido en la oración