En la congregación de las Misioneras Hijas de la Purísima Virgen María, nuestra vida encuentra sentido en un propósito sagrado al que llamamos Carisma:
Amar y consolar los dolores internos del corazón de Jesús en los que sufren.
Pureza
Para ver a Dios en cada persona, en todas las cosas y actuar con total transparencia y rectitud de intención.
Humildad
Para servir desde la sencillez, reconociendo que somos instrumentos del amor de Dios.
Sacrificio
Para entregarnos con alegría, transformando el esfuerzo diario en una ofrenda de vida.
Caridad
Para ser la ternura de Dios para quienes más lo necesitan. Vivir para consolar. Servir para amar.