Nuestra espiritualidad es dinámica y encarnada: fiel al carisma recibido de nuestros fundadores, se deja recrear por el Espíritu Santo para responder con fe, discernimiento y compromiso a los desafíos de cada tiempo. Es una espiritualidad inculturada, liberadora y comprometida, que busca hacer vida la voluntad de Dios en las circunstancias concretas de la realidad.
Encarnada
No se queda en ideas o prácticas espirituales; se hace vida en la realidad concreta.
Inculturada
Sabe leer cada cultura y contexto y expresar el Evangelio de manera significativa en ellos.
Liberadora
Busca responder a las situaciones que generan sufrimiento, exclusión o falta de dignidad, desde el Evangelio.
Comprometida
Lleva a tomar postura y actuar responsablemente ante las necesidades de las personas y del mundo.