En Puerto Maldonado, Perú, las Misioneras Hijas de la Purísima Virgen María vivimos nuestra misión en el contexto del Vicariato Apostólico de Puerto Maldonado, colaborando fraternalmente con los Padres Dominicos y con otras congregaciones religiosas que, desde distintos carismas, comparten el deseo de anunciar el Evangelio y servir a las comunidades.
Nuestra presencia misionera busca hacer cercano el amor de Dios, especialmente allí donde la vida, la dignidad y la esperanza necesitan ser fortalecidas. Desde la sencillez, la cercanía y la escucha, compartimos la vida con las familias, niños, adolescentes y jóvenes, acompañando sus procesos de crecimiento humano y espiritual y respondiendo con disponibilidad a las necesidades de la realidad.
Una parte significativa de nuestro apostolado es el acompañamiento del Internado Santa Cruz, donde atendemos a adolescentes, favoreciendo su educación, formación integral y desarrollo personal. Estar cerca de ellas significa ofrecer un espacio de acompañamiento, cuidado y oportunidades para construir un futuro con esperanza. Esta labor educativa también constituye una valiosa acción preventiva y de protección frente a situaciones de vulnerabilidad, contribuyendo a prevenir la trata y explotación de niñas y adolescentes, una realidad que afecta especialmente a contextos donde existen condiciones de pobreza y vulnerabilidad.
En esta misión, educar es también proteger, acompañar y abrir caminos de esperanza. Cada adolescente que encuentra oportunidades para estudiar, crecer, descubrir su dignidad y proyectar su futuro es una vida que puede desarrollarse con mayores posibilidades de libertad y bienestar.
Inspiradas en María y sostenidas por el Espíritu Santo, queremos ser una presencia cercana que sabe escuchar, acoger y servir. En medio de la riqueza cultural y la realidad amazónica de Puerto Maldonado, aprendemos también a dejarnos evangelizar por las personas y comunidades con quienes compartimos el camino.
Nuestra misión en Puerto Maldonado expresa así el carisma recibido de nuestros fundadores: Cruz, Caridad y Pureza, vivido hoy como una llamada concreta a amar y consolar los dolores internos del Corazón de Jesús en quienes sufren, especialmente en quienes necesitan ser acompañados, protegidos y ayudados a recuperar la esperanza.